La importancia de la motivación extrínseca en el alumno
Al abordar la motivación y su afinidad con
el aprendizaje, específicamente lo relacionado
con darle a ésta una representación de doble vía,
es necesario analizar los aspectos que inciden
directamente en dicha relación.
La motivación se constituye en el motor
del aprendizaje; es esa chispa que permite encenderlo
e incentiva el desarrollo del proceso.
Según Woolfolk “la motivación se define
usualmente como algo que energiza y dirige
la conducta.” De esta manera, entra a formar
parte activa del accionar del estudiante.
Hay varios tipos de motivación en ella se encuentra la motivación extrínseca, que no es mas que el efecto de acción o impulso que producen
en las personas determinados hechos, objetos
o eventos que las llevan a la realización de actividades, pero que proceden de fuera. De
esta manera, el alumno extrínsecamente motivado
asume el aprendizaje como un medio para
lograr beneficios o evitar incomodidades. Por
ello, centra la importancia del aprendizaje en
los resultados y sus consecuencias.
Se hace evidente que la motivación influye
sobre el pensamiento del estudiante y, por ende,
en el resultado del aprendizaje. En este sentido,
y para ampliar lo anterior, es pertinente referirse
a las condiciones motivacionales que identifican
Díaz y Hernández, relacionadas con la
posibilidad real de que el alumno consiga las
metas, sepa cómo actuar para afrontar con éxito
las tareas y problemas y maneje los conocimientos
e ideas previas sobre los contenidos por
aprender, su significado y utilidad. Así mismo,
mencionan los mensajes que recibe el alumno
por parte del profesor y sus compañeros, la organización
de la actividad escolar, las formas de
evaluación, los comportamientos y valores que
el profesor modela en los alumnos y el empleo
de principios motivacionales que éste utilice.
Entonces, cobra importancia también el papel
del profesor, para establecer la relación adecuada
entre la motivación y el aprendizaje en
la construcción del conocimiento, dada su influencia
decisiva en el desarrollo curricular.
Para contribuir a que los alumnos se sientan motivados
para aprender implica la existencia en ellos
de total claridad y coherencia en cuanto al objetivo
del proceso de aprendizaje, que lo encuentren
interesante y que se sientan competentes para resolver
el reto.
En este sentido, favorecer la motivación requiere
que el profesor destaque el posible interés
de un aprendizaje, establezca razonables
expectativas de éxito y desarrolle una ayuda
adicional, como lo plantea Sole: creando “un
ambiente de aprendizaje en que prime la cooperación
por encima de la competición, en el
que sea normal pedir y ofrecer ayuda y en el que
quepa la posibilidad de equivocarse y aprender
de los propios errores. La comunicación fluida y
respetuosa, el trato justo y personalizado son
perfectamente compatibles con una moderada
exigencia que traduzca confianza del profesor
en las posibilidades de sus alumnos.”
